TOMAS DE TORQUEMADA (BIOGRAFÍA) - FRAGMENTO

Para el plan de los reyes católicos, consistente en convertir a España en un reino homogéneo de cristianos, quedaba ahora pendiente el asunto judío. Sucedía que, con miras al epílogo de la lucha por granada, doña Isabel había discurrido una estrategia costosa: tras allegar la gente y acopiar los materiales necesarios, construyó en las márgenes del Genil en vez de campamento, una ciudad bautizada Santa fe, villa cercada y torreada contra todo ataque. En ese enclave geográfico se acordó la expulsión de los judíos y asimismo se celebró la entrevista con un marinero Italiano llamado Cristóforo Colombo, en la cual se dio vía libre a la aventura que había de culminar con el descubrimiento de América.
El edicto de expulsión de los judíos públicos fue firmado por los reyes el día treinta y uno de marzo del mismo 1492 y en él se planteaba que a quienes practicaban el judaísmo o bien convertirse y bautizarse, o bien abandonar en el plazo de tres meses los reinos de Castilla y Aragón. Según algunos autores (otros niegan la anécdota), un momento hubo en que los sefarditas hicieron uso de un recurso ordinario para granjearse la simpatía real, mediante el expediente de hacer un donativo de treinta mil ducados para los gastos e la corona. Don Fernando, según esos historiadores, se vio asaltado por la duda. ¿Recibirlo y hacer de lado la expulsión? ¿O seguir observando los concejos de Torquemada y decretarla? Entonces el propio Torquemada, en forma intempestiva, se hizo presente en Santa Fe, entró al despacho real en el instante en que el comisionado judío, con la suma ofrecida  era recibido por Fernando y alzando sus manos un crucifijo amonesto: “Judas Iscariote vendió a su maestro por treinta dineros de plata; vuestras altezas lo va a vender por treinta mil; aquí está: tomadle y vendedle”. Dicho lo cual, depositó el crucifijo sobre el escritorio del rey y se marchó. Ni don Fernando ni doña Isabel titubearon un segundo más, y firmaron