LA VERDAD SEA DICHA (MIS MEMORIAS) - FRAGMENTO
Arribo a Bogotá
Y mucho olvido ha sido preciso para seguir amando de forma triste pero ardiente a esta urbe descomunal, a la que considero mi segunda patria chica. Bogotá, con la visión tutelar de sus cerros, que contemplo por la ventana de mi estudio mientras pergeño estas líneas, es algo ínsito a mí, es tan mía como mis manos o mi pensamiento. Más sé al tiempo que su proximidad es a veces como la de un enemigo emboscado. Como toda gran ciudad, Bogotá es cruel, traicionera y perversa. Para sobrellevarla necesitamos endurecer nuestra piel como el dragón de La Vulgata. El día que descendí del DC 4 en el antiguo aeropuerto de Techo, donde mi tío Gregorio me aguardaba, la miré con ojos cándidos y confiados. Si por mi fantasía hubiese pasado en aquel instante, así fuese fugazmente, la visión de todo lo que aquí me esperaba, acaso me hubiera vencido el horror. Pero la sentí amable, con esa amabilidad que despliega hacia nosotros el felón soterrado. También, sin embargo, bondadosa. Aquí conocí a mi mujer, aquí nacieron mis hijos, aquí amisté con seres extraordinarios, aquí escribí mis mejores libros, aquí se encuentran la mayoría de mis lectores (…)
Sobre León de Greiff

(…) Sin embargo, no había corrido un mes desde su posesión, cuando Lozano y Lozano le trajo una bella noticia: el presidente Lleras Camargo había accedido a nombrarlo primer secretario de la embajada en Suecia. . Lo natural, hubiera sido, por supuesto, que se le designase embajador, pero el primer mandatario objetó que un individuo tan bohemio y desaliñado dejaría mal al país. Acorde con el nombramiento pues para nada aspiraba al cargo principal, el poeta – gracias a aportes de amigos, hechos en secretos y entregados como si los originara el par-