Desde añejas lecturas, he creído intuir en diversos autores el pálpito del panteís-mo como una ficción literaria. Sólo la ficción (¿será esto evidente?) ha logrado, hasta hoy, aproximarse al desciframiento del universo. Así, y hablando, desde luego, en términos muy generales, las corrientes filosóficas y religiosas pudiesen, desde ciertas perspectivas, ser arbitrariamente consideradas productos de una fantasía artística escudada tras un lenguaje logicista o místico. Sólo desde ese punto de vista quisiera que se interpretase el texto que sigue. |
A mi ver, ninguna imagen del panteísmo suele resultarnos tan certera como esa imágen literaria, debida al persa Omar Khayyam, según la cual la historia es una representación planeada y contemplada por Dios a fin de distraer su eternidad. De cualquier modo, me permito dudar de la existencia de otra concepción de lo divi-no tan próxima a la literatura como la panteísta. Acaso por esa misma razón, el panteísmo ha padecido siempre de una fundamental vaguedad. Sus ramifica-ciones van desde la más rigurosa teoría filosófica hasta el más desatentado ocul-tismo. Hegel negaba que hubiese existido filosofía alguna que identificase a Dios con las cosas en su individualidad y en su contingencia; según él, lo que el pan-teísmo rechazaba era la existencia de un Dios personal y trascendente al univer-so.
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