| HEREJÍAS Y ORTODOXIAS (PAZ Y BARBA JACOB) - FRAGMENTO |
| De nuestras limitaciones |
Sócrates nos alertó sobre la imposibilidad de la sabiduría. ¿A qué entonces, abrumar con nuestras palabras, necesariamente necias, a un prójimo ya de suyo abrumado por tantas cargas vitales? Quizás la inepcia de nuestras palabras sirva, sin embargo, para obrar como consuelo de aquél a quien atormenta la posible inepcia de las propias. No sé. Alfonso Reyes sostenía que nunca dejamos de ser meros estudiantes. Los estudiantes, recuérdese, pueden entre sí ayudarse, cola-borar por ver si logran presentar un examen decoroso, que es a todo lo que po-demos aspirar. Quisiera verme con el lector como me veía con aquellos condis-cípulos con quienes me reunía a estudiar en un café del centro de Bogotá a mediados de los cincuenta. Proyecto sólo de seres que, no obstante, podrían dar de sí algunos resultados pasables.
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| Actitudes fanáticas |
Por fuentes muy dignas de fe me he enterado de cómo, más de cuarenta años después –al ser desclasificados algunos documentos estatales en Rusia- se ha venido a conocer la forma como Fidel Castro, durante la crisis de los misiles de 1962, incitaba por teléfono a Nikita Jruschov para que lanzara la bomba termo-nuclear sobre Nueva York. Alegaba que, de otro modo, habría que pasar por la vergüenza de tener que retirar los misiles emplazados en Cuba o aceptar que la isla fuera invadida por los gringos. El cabecilla soviético debió impedir todo acceso telefónico al cubano, de quien aseguró con ademanes desesperados que debía encontrarse completamente loco. Jruscho fue siempre enemigo de los choques bélicos, pues en su juventud vivió la Guerra Mundial y quedó impresio-nado en forma imborrable por lo que tuvo que ver.
No voy a negar que Castro, por enfrentar a esa calamidad de nnuestros ttiempos
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