GUILLERMO VALENCIA POR GERMÁN ESPINOSA - FRAGMENTO

Intelectualmente, el trópico suele ser tan alucinante como su flora, como su fau-na, como su geografía. Venero de espejismos que exaltan o deprimen, prodiga vi-da y la depreda con pareja rapidez. Guillermo Valencia ha sido, tal vez, la víctima por excelencia de esa frivolidad ensalzadora o motejadora de nuestras latitudes. Se le hizo objeto de la deificación más sumaria, para proceder luego en él al más sumario también de los deicidios.

En otros países se conciertan casi siempre avenencias binarias, ternarias y aún cuaternarias, para decretar la cúspide literaria nacional. Colombia acepta sólo la solución unitaria, que implica una capitulación general ante la figura de Ungido.  Valencia fue, en sus tiempos, ese Ungido. Se convirtió en uno de los autores más “oficiales” que pueda tenerse noticia. La tribu literaria colombiana anhelaba deses-peradamente su desaparición, física o intelectual, único expediente capaz de po-ner otra vez en movimiento el escalafón.