Lo he cargado en mis brazos, lo he llevado a que respire el aire del jardín, pródigo en el aroma consolador del diosme. Junto a la pila seca y ruinosa, lo he contemplado a la luz de la luna, que hoy muestra un tono entre rosa y violeta, como si la visitaran amorosos pensamientos; lo he contemplado absorto, henchido de fascinación ante el milagro de la vida. Es un bebé lleno de noche, amor, como conviene al fruto de amores tenebrosos. |
Tú me decías que nunca vendría al mundo o que, si llegase a hacerlo, sería algo así como el hijo de Pasífae y del toro de Poseidón. Pero no. Es sí, un niño lunar, plateado al contacto del aire trémulo. Mas está sano, respira, emite convenientes vagidos. Habremos de bautizarlo Parmenio, en honor a su dos veces abuelo. He dejado que lo bañe el rocío de la madrugada, que lo envuelva el relente para que quede ungido de noche. La noche, Parísatis, la noche su emblema, como fue el mío, en breve, el sol despuntará por el signo de Scorpio, que lo hará doblemente nocturno. Ese signo, en la anti-güedad, era representado por un águila. Lo sé acuoso, fijo, femenino(es también el mío), y lo rige el belicoso Marte. Sus nativos estamos dotados de la misteriosa beauté du diable.
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