ROMANZA PARA MURCIELAGOS
La otra orilla (Grupo Editorial Norma), 1999
Prólogo de 2004

Una introducción de mi Romanza para murciélagos podría servir, me parece, para dejar en claro algu-nas de mis perspectivas en punto a arte y literatu-ra. Su aparición en 1999 me permitió, impensada-mente, conocer el criterio que cierto número de mis paisanos de la costa Atlántica se había forjado alrededor de mi obra. En el pasado había una no-velas de historia de mi ciudad natal en textos como

los cotejos del diablo, la tejedora de coronas o sinfonía desde el nuevo mundo. Creía con ellos, haber honrado el deber que, en apariencia, todo autor tiene para con su lugar nativo. Mas para ciertas mentalidades esa ne-cesidad, al parecer, estaba lejos de ser satisfecha.Ya hacía tiempo, efecto, uno que otrro coterraneo había increapado acerca de mis hábitos univer-salistas, oponiendolos a la necesidad, según su punto de vista de vestir, co-mer hablar y, sobre todo, escribir de una manera caribeña, so pena de ser juzgado traidor a la provincia. LEER FRAGMENTO