LOS DOCE INFIERNOS - FRAGMENTO

El ángel caido

He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.
Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.
DAVID.  Salmos, 22

Regina Mutis murió el ocho de marzo de 1942, a causa de un endurecimien-to de las arterias. A pesar del tiempo transcurrido, el día de su deceso toda-vía aparentaba, entre las manos lánguidas, el camafeo de ónice con la efigie de Rodolfo Escarpit.

A todos nos llamo la atención el funeral ostentoso que por expresa voluntad testamentaria, se hizo arreglar la mujer. Hacía muchos años habitaba un ca-serón de la calle general Santander, con la única compañía de Jacinta, una vieja y antipática sirvienta que se entrapada el pelo con polvos y mantecas para que le abultara. Cuando comprobó que el corazón de su señor había dejado de latir, Jacinta corrió en busca de un embalsamador que relleno de zinc coloidal todos los esclerosados conductos sanguíneos del impresionante cadáver.