LA NOCHE DE LA TRAPA - FRAGMENTO

La Orgía

Es absolutamente irritante que un mago, un vulgar prestidigitador, posea una sala de espera similar a la de un dentista o un clínico. Aquí estoy, sin embargo, engolfado en meditaciones ridículas, a la espera de sus cuidados espirituales y rodeado por una enfadosa clientela de fámulas, pacotilleros, meretrices, y vendedores de específicos.

¿No es humillante? La sala es pequeña, con varios asientos y una mesita repleta de revistas y periódicos de hace por lo menos dos años. Los muros están recubiertos de un horrible papel con arabescos y flores cursis. Como no hay ceniceros, pueden verse aquí y allá, por el piso de madera, nerviosas colillas de cigarrillos, aplastadas a medio fumar. Se percibe un penetrante olor cítrico, provenientes quizás de las macetas de geranios puestas a asolear en la tabla que sirve de reborde a la ventana. Una muchacha fea, que hace las veces de “enfermera”, va y viene a paso quedo de la sala al gabinete y anuncia qué “paciente” debe seguir.

Fumo y fumo con impaciencia. Observo repetidamente las menudas letras adheridas a la puerta: “Minelli, mago profesional, animador de tertulias y experto en cosas del alama humana”. Debajo: “Adivinación de sucesos futuros. Ciencia media, intelección y ciencia de visión”. Toda una mezcla escalofriante de candidez y cinismo.

¿Cómo vine a dar aquí? Todavía no consigo ver claro en todo esto. Sucedió