CUENTOS COMPLETOS (ARANGO EDITORES) - FRAGMENTO

El crisol

Al otro extremo de la escalera había una puerta, que él abrió. Me encontré, de manos a boca, ni más ni menos que en un laboratorio de alquimista, lo cual no conseguía sorprenderme del todo, aunque me oliese que el profesor iba a confiarme algo de proyecciones muy superiores a las de un mero en-tretenimiento de maniático.

Allí podría observarse --  sin mayor esfuerzo, puesto que el sótano estaba muy iluminado—el inevitable crisol, el mortero de ágata, las ampolletas de vidrio y otros instrumentos rudimentarios. Avance si precauciones.

—Los alquimistas de todos los tiempos—anotó el profesor, poseído de cierta fiebre sacerdotal— han seguido el camino recto, el camino de los ilu-minados; pero se han quedado a la mitad de él, porque si bien conocieron los medios materiales indispensables para servir el propósito vital, resultaron a la postre incapaces de compenetrarse con la categoría espiritual de sus experimentos. En otras palabras, realizaron todas las manipulaciones nece-sarias para lograr el fin último, pero una vez concluidas esas prácticas mera-mente rituales, no supieron para que servían.

—Si no me equivoco, ¿pretende usted conocer el fin último de de la alquimia? –inquirí  con mayúscula desconfianza—. Alguna vez, en nuestras conversaciones, ttrajimos a cuento una frase de iRené Alleau: Está fuera de